miércoles, 7 de marzo de 2012

Algo no encaja. Confesiones del 7 de marzo del 2022.

Como el día anterior, todos los científicos estaban reunidos frente a la vitrina tras la que el doctor Billius y el infectado 10 se disponían a mantener la segunda charla. Aquel día la criatura parecía más tranquila, lo que hacía esperar a aquellos científicos algún avance, algo más concreto en aquella historia. Lo único que sabían era que aquel ser conocía al pilar que había mantenido a flote a la raza  humana en aquellos tiempos, y por fin muchos comenzaban a entender la importancia de lo que tuviera que decir. Debían saber como sobrevivir por si algún día el ser humano volvía a desencadenar tal atrocidad por el planeta.
De nuevo el engendro de aquella joven abrió la boca cuando le preguntaron y tras un áspero gemido ahogado comenzó su relato.

Al día siguiente yo llegué tarde a casa pues había quedado con unos amigos en Oviedo, cerca de donde se encontraba mi facultad. Yo vivía en un pueblo a media hora de allí, en Mieres, un pequeño valle entre montañas Era bonito, pero problemático para algunas cosas, pues el único modo de entrar o salir allí si no era por montaña y a pie era una carretera general que en horas puntas se veía tapiada por centenares de coches que trataban de salir a la principal. Y justo me tocó la hora punta, por lo que tuve que esperar enlatada en aquel horrible autobús maloliente media hora hasta que aquel mazacote de automóviles se despejó.
Cuando entre en casa el rostro de mi padre estaba completamente serio, lo que me extrañó, pues él siempre había sido una persona despreocupada. Cuando le pregunté qué pasaba me contestó que en Siria las cosas iban a ponerse mal, muy mal. Miré para él con curiosidad, dejando incluso que una de mis cejas se alzara sobre la otra, pues me pareció que el día anterior había quedado bastante claro, pero lo que me dijo me dejó descolocada. Al parecer esa misma mañana se había dado el aviso a todos y cada uno de los periodistas residentes en el país de que si no abandonaban Siria antes de la noche ningún gobierno se haría cargo de lo que pudiese pasarles en los días que seguían, e incluso se pusieron aviones especiales a su disposición para que estos pudieran abandonar el país aquella misma tarde.
Desde luego aquella noticia me impactó. Y como si Philia me hubiera leído la mente en ese momento me envió un mensaje de texto.
"Mira las nuevas noticias sobre Siria en Internet. Me apuesto 5 euros a que o empiezan una guerra nuclear, o algo por el estilo. No me extrañaría que esos cabrones vieran como solución a la crisis matar gente a doquier aprovechando las guerras para luego repartir por allí a los parados."
Nunca había conocido nada igual. Philia tenía una capacidad para hablar de esos temas con total naturalidad, lo que hacía que me pusiera los pelos de punta, y sin embargo me gustaba su presencia, su compañía. Había algo que me mantenía unida a ella y, aunque muchas veces me aterrorizasen sus palabras, su compañía me hacía sentir seguridad.
Lo que aquel día vi en Internet me horrorizó. Como si fuesen animales, el gobierno parecía estar rodeando las fronteras de Siria con alambrado y ante esto muchos de los ciudadanos intentaban huir, lo que no era fácil pues los militantes no tenían reparo en disparar contra los que intentasen cruzar las fronteras. Este vídeo apenas duraba unos segundos y por el acento de la mujer a la que se oía de fondo era una periodista francesa, que por lo que pude entender, pretendía alojarse en un pueblo de Iraq, cerca de la frontera para poder informar de lo que sucediera en los siguientes días.

Aquel momento fue decisivo en la investigación. Como todos los presentes en aquella sala habían observado aquella criatura sobrestimulada a base de electrodos y fármacos parecía tener una memoria ejemplar, digna del más cuerdo humano, pero sin embargo el tiempo que la razón dominaba al ansia y la ira de sus ojos parecía ser limitado. Billius pidió un descanso para la criatura, no sin mostrar con brusquedad su descontento pues cada minuto que pasaban sin hacer nada, aquellos electrodos podrían dejar de hacer efecto sobre el cerebro del No Muerto, lo que ninguno de aquellos tipos podía permitirse. 
No había tiempo que perder, así que en los siguientes días a la hora que se diera el aviso, todos deberían dirigirse de inmediato a la sala de la mampara, sin paseos, sin preámbulos. Escuchar aquella historia completa se había convertido en el principal objetivo del jefe, lo que lo convertía en el obligado objetivo de todos si querían salir de allí con vida.
Si bien los gobernadores eran los salvadores, también era sabido que ninguno de ellos tenía ni tacto ni paciencia.
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